El poder de la purpurina azul.

Para comenzar esta entrada os proponemos un reto y es que penséis en la relación, si es que la hay, entre algo tan barato y habitual como es un bote de purpurinaazul para más señasy la famosa humanización del sistema sanitario. Ese movimiento que hoy día está teniendo tanta repercusión, quizás porque las condiciones laborales y el cumplimiento de objetivos sin cuartel haya hecho que nos retraigamos adoptando el modo supervivencia, olvidando de este modo otras facetas de nuestra personalidad que nos hacen ser quiénes somos y que nos hicieron elegir profesiones encaminadas a ayudar a los demás.

Si, a priori estamos seguros que pensaréis que esto es como mezclar churras con merinas o confundir el tocino con la velocidad, bueno en resumen, que nos hemos equivocado. Pero nos gustaría que os quedaseis hasta el final de esta entrada y que nos dieseis vuestra opinión porque estoy seguro que sea cual sea nos encantará leerla -ya se sabe, sólo se mejora con la crítica, eso sí, constructiva-.

Esta entrada ha surgido de una anécdota simpática que sirvió de abono para generar una idea – ¡Bendita creatividad! – con el objetivo de mostrar otra faceta más de la humanización. Pero no deseamos mencionar Planes de humanización de la asistencia sanitaria en nuestros hospitales, charlas sobre Humanización en la Atención al Paciente, etc., no queremos hablar de los proyectos gigantes en torno a este tema, sino centrarnos en los pequeños actos que desarrollan personas que cambian constantemente su entorno y que son ellos y ellas quienes de verdad le dan sentido a esto de la humanización.

Esto va para quienes nunca han dejado de humanizar su actividad, su trabajo, su vida y es que los Planes, sin personas que las ejecuten, son sólo papel mojado algo que, con suerte, servirá para “calzar” algún armario o mesa que esté coja.

Y ahora os dejamos con la anécdota que hemos titulado “Ante la duda, añade purpurina.”

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‘Acababa de terminar el grado de Enfermería y ya había terminado uno de mis contratos más largos de verano, con la suerte de que coincidía la fiesta principal de mi ciudad. Por tanto, decidí divertirme un par de días ¡Que bien merecidos los tenía!

Durante esa semana la ciudad se llenó, como siempre, de txoznas que dinamizaban la fiesta con actividades y música. Cada una ellas era única. Yo me decanté por La Pinpilinpauxa (mariposa en euskera), más conocida como La Pinpi. Es importante señalar antes de continuar que, a parte del buen ambiente, diversión y música, La Pinpi se caracteriza por la purpurina que regala con las consumiciones.

Ya os podéis imaginar el cuadro… con la purpurina conquistando cada vez más centímetros de piel a medida que pasaba la noche. A una hora prudencial decidí retirarme ya que tenía pensado hacer trámites burocráticos por la mañana. La fiesta debería esperar a la siguiente noche. Y de nuevo, en La Pinpi.

Llegué a casa muy feliz colgando fotos en RRSS de la gran noche. Me dí una ducha rápida y me dispuse a dormir. No esperaba que me importunasen. Más cuál fue mi sorpresa cuando me llamaron a la mañana desde un teléfono desconocido para decirme que tenía que ir a trabajar esa misma tarde a un nuevo servicio: Esta vez en hospital.

Nervioso, volví a ducharme, ahora más lúcido y con mis capacidades cognitivas (casi) restablecidas. Me dí cuenta entonces, que la purpurina se había hecho una con mi piel, formado una simbiosis difícil de eliminar. Y por más que frotara y enjabonara, era una tarea ardua deshacerse de ella. Al mirar el móvil, me percaté que la cuenta oficial de La Pinpi había contestado a uno de mis comentarios: ‘Se ve que fue una noche brillante’. Y al parecer, también iba a ser un día brillante..

Y de esas maneras, realicé mi aparición estelar en el servicio con mi resplandeciente uniforme azul. Y con mi purpurina. Mis compañeros/as no pudieron sino asombrarse y divertirse ante la escena. ‘¿La Pinpi?’, preguntaron. ‘La Pinpi’, confirmé. Las risas y chistes no se hicieron esperar: Tanto por parte de las Enfermeras, como de los pacientes y familiares. 

‘¿Te lo pasaste bien anoche, no?’ me dijo más de un paciente entre sonrisas y alguna carcajada. A lo que yo respondía con humor: ‘¡Por supuesto! Fue inolvidable’. No tengo para olvidar ese día.’

¿Qué podemos extraer de esta pintoresca anécdota? Se nos llena la boca de grandes proyectos, de planes que salen de los órganos gestores de las instituciones sanitarias. ¿Y que es del potencial del individuo, el potencial de los pequeños actos? ¿No somos cada uno de nosotros capaces de liderar ese cambio? ¿Es necesario una gran inversión en Humanización? Todo eso simboliza la purpurina: La sencillez y la creatividad. El poder de una idea, de un pequeño acto. Y todo con una inversión mínima.

Con la purpurina desaparecieron gran parte de las barreras de comunicación que existían entre el paciente y el profesional sanitario. El humor es lo que nos hace humanos. El humor nos hace iguales. Y ante un igual puedes hablar de tú a tú. Puedes contarle tus miedos y esperanzas. Puedes preguntar las dudas sin temor a la indiferencia. Y se establece una relación de confianza. Y tened en cuenta que no hablamos sólo del trato a los pacientes, sino también entre profesionales, entre compañeros y, en definitiva, entre personas.

No olvidemos a un profesional que refleja muy bien el poder del humor como vehículo de la humanización de su actividad, como es el gran Patch Adams, que utilizaba el humor no sólo para alegrar el día a los pacientes, sino para que se abrieran con él y le contasen sus inquietudes (ya fuesen niños o adultos).

En definitiva, sólo podemos acabar con una frase muy conocida del gran Martin Luther King. “I have a dream”.

I HAVE A DREAM.jpg

Si, hemos tenido un sueño, el de reírnos de nosotros mismos para ayudar a reír a los demás y, aunque no os lo creais, en ese sueño hay (mucha) purpurina azul.

¿Te animas?

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Esta entrada ha nacido gracias a la colaboración de un servidor y de Ivan Herrera, gran amigo y creador del blog Audeo Dicere. Esperamos que sea el primero de muchos post colaborativos. Porque juntos, sumamos más.

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2 comentarios en “El poder de la purpurina azul.

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